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viernes, 12 de abril de 2013

Canción de otoño en primavera, de Rubén Darío

Juventud, divino tesoro, 
¡ya te vas para no volver! 
Cuando quiero llorar, no lloro... 
y a veces lloro sin querer... 

Plural ha sido la celeste 
historia de mi corazón. 
Era una dulce niña, en este 
mundo de duelo y de aflicción. 

Miraba como el alba pura; 
sonreía como una flor. 
Era su cabellera obscura 
hecha de noche y de dolor. 

Yo era tímido como un niño. 
Ella, naturalmente, fue, 
para mi amor hecho de armiño, 
Herodías y Salomé... 

Juventud, divino tesoro, 
¡ya te vas para no volver! 
Cuando quiero llorar, no lloro... 
y a veces lloro sin querer... 

Y más consoladora y más 
halagadora y expresiva, 
la otra fue más sensitiva 
cual no pensé encontrar jamás. 

Pues a su continua ternura 
una pasión violenta unía. 
En un peplo de gasa pura 
una bacante se envolvía... 

En sus brazos tomó mi ensueño 
y lo arrulló como a un bebé... 
Y te mató, triste y pequeño, 
falto de luz, falto de fe... 

Juventud, divino tesoro, 
¡te fuiste para no volver! 
Cuando quiero llorar, no lloro... 
y a veces lloro sin querer... 

Otra juzgó que era mi boca 
el estuche de su pasión; 
y que me roería, loca, 
con sus dientes el corazón. 

Poniendo en un amor de exceso 
la mira de su voluntad, 
mientras eran abrazo y beso 
síntesis de la eternidad; 

y de nuestra carne ligera 
imaginar siempre un Edén, 
sin pensar que la Primavera 
y la carne acaban también... 

Juventud, divino tesoro, 
¡ya te vas para no volver! 
Cuando quiero llorar, no lloro... 
y a veces lloro sin querer. 

¡Y las demás! En tantos climas, 
en tantas tierras siempre son, 
si no pretextos de mis rimas 
fantasmas de mi corazón. 

En vano busqué a la princesa 
que estaba triste de esperar. 
La vida es dura. Amarga y pesa. 
¡Ya no hay princesa que cantar! 

Mas a pesar del tiempo terco, 
mi sed de amor no tiene fin; 
con el cabello gris, me acerco 
a los rosales del jardín... 

Juventud, divino tesoro, 
¡ya te vas para no volver! 
Cuando quiero llorar, no lloro... 
y a veces lloro sin querer... 
¡Mas es mía el Alba de oro!



 Actividades 1. Observa el título y di qué puede sugerir. 2. En la primera estrofa se encuentra el motivo principal del poema. ¿Por qué se repite a lo largo del poema? ¿Sobre qué tópico literario quiere insistir el poeta? 3. El poema se desarrolla a partir de dos temas más, de carácter secundario. ¿Cuáles son y qué relación mantienen entre ellos? 4. En su juventud, el poeta ha experimentado el amor con las mujeres. Detalla cuál es esa historia amorosa del poeta a través de las mujeres que ha amado y qué sensaciones ha experimentado. ¿Qué querrá expresar la voz del poeta con los versos 59 y 60? Delimita las estrofas donde se ocupa de este contenido. 5. A pesar de mantener una relación activa con varias mujeres, el poeta nos da cuenta de su situación final. Averigua cuál es y en qué estrofas se expresa. 6. Escribe los versos que hacen referencia a las siguientes paradojas: dulzura-amargura, alba pura-cabellera oscura, ternura-violenta, pureza bacante. ¿Qué vienen a resaltar estos contrastes? 7. ¿A qué género y subgénero pertenece el poema? Justifica debidamente tus respuestas. 8. Comenta la métrica de este poema. 9. Es un rasgo modernista, movimiento que afianza y expande Rubén Darío, la búsqueda de la belleza y la valoración fuertemente estética del poema. Localiza los versos donde se puede identificar esa preocupación por la belleza formal.